007. Aroma a Rosas.
Anica se moría de nervios, ¿y cómo no?, no había tenido paz
en toda la comida desde que Eitan le había dicho eso. Apenas y podía comer, lo hacía
por autómata porque ni siquiera le ponía atención, si le ponían en el plato tierra
estaba segura que solo se daba cuenta de ello hasta que la sintiera en su boca.
Definitivamente esta intranquila, como rogaba que Eitan no quisiera que le
respondiera, no podía, sabía que sonaba muy cobarde pero no se animaba, nunca
había tenido novio, ¿Cómo le haría?, además de que desde hace dos meses le
estuvo preocupando la razón del viejo, “una mejor descendencia”, para eso se
necesitaba de otra cosa que ella debía hacer con Eitan, y en la que era novata,
más que novata, principiante, más que eso, ni siquiera entraba en el juego. De verdad
no podía hacer nada de eso, no estaba preparada.
Antes de conocer a Eitan y a Son, nunca hablaba con hombres,
salvo su papa, una que otra vez a algún compañero de clase pero hasta ahí. Ella
no tenía amigos hombres, nunca los había tenido, era demasiado tímida para eso,
también demasiado tímida para novios, para chicos, para gustarle a alguien, no
era valiente con eso, la cobardía le llegaba en cuanto debía enfrentar algo de
ese tamaño, como la pregunta de Eitan.
— ¿Lista? — Esa voz la saco de sus pensamientos.
Ella miro confundida al dueño de la voz, luego vio cual era
el dueño, Eitan. Oh no, grito su
mente con desesperación, pero solo pudo mostrarse confundida, y “amnésica”.
— ¿Para qué? — se hizo la “no me acuerdo”.
— ¿Recuerdas?, volver al jardín — le dijo sonriéndole
amablemente, por dentro maliciosamente.
Qué bien le había caído que Anica fuera distraída, sino,
jamás la hubiera convencido de volver.
En todo el camino no hablaron de nada, estuvieron muy
serios, sobretodo Anica, ambos estaban con sus propios pensamientos. Eitan la
guio al mismo lugar donde habían estado antes.
Anica sintió que moría, ¿y si se acordaba?, luego se reclamo,
¿Cómo no se va a acordar de esa pregunta?, no era cualquiera, aunque por otro
lado no podía perder tan rápido las esperanzas.
— ¿Y bien? — le pregunto pensativo ante lo que le respondería.
— ¿Eh? — soltó sin comprender, de hecho comprendía, pero no
del todo, Eitan no se había explicado bien, y ella se aseguraba, de haber
entendido otra cosa.
— Recuerdas ¿no?, lo que te pregunte justo antes de que
Karanei llegara — le contesto sonriendo “inocente”, se estaba aprovechando del
nerviosismo de Anica, y desfrutándolo.
— ¿Lo que…me pregun-tas…te? — repitió tratando de hacer ver
que no se acordaba.
— ¿No te acuerdas? — negó — ¿estás segura? — ella volvió a
negar.
El se acerco mas a ella, ella retrocedió, otro paso más
cercas, volvió a retroceder
— Vamos Anica, es una muy sencilla pregunta, seguro que te
acuerdas — avanzo más hacia ella, Anica se topo con un árbol al retroceder.
— E-eitan —
— Dime —
— Estas algo cercas ¿no? —
— No creo — la ignoro olímpicamente, como si no lo supiera
desde un principio — dime Anica, ¿Cuál es tu repuesta?, llevo rato esperando,
porque no mejor me dices — le dijo susurrante, Anica podía sentir su aliento en
la cara de lo cercas que estaba.
— No, no entiendo, ¿Qué pregunta? — Eitan sonrió, ella le
dio la clave, “pregúntame de nuevo”, la chica ni lo noto.
— De verdad Anica, aunque ambos sabemos que si recuerdas por
cómo te pones, te seguiré el juego — le hablo calmado y resignado, ya jugaba un
poco menos con sus nervios, se separo un poco de ella para volver a hablarle —
te quiero, ¿me querrías? — le pregunto muy seriamente, para él no era juego,
aunque para la chica de 15 frente a él la cosa era aun mas grande, y critica,
¿Qué debía responder?
Ahí estaba, el se lo había dicho, ahora solo quedaba por
ella, el ya había dado el “dame una oportunidad”, ahora estaba en ella
aceptarla o negarla, aunque estaba seguro que en el esas dos respuestas
causarían sentimientos opuestos.
Anica siguió callada, sin saber absolutamente que decir, ¿por
qué no podía?, sentía algo, no iba a negarlo pero, ¿de verdad quería cambiar
las cosas como estaban?, asi estaban bien, ¿Por qué cambiarlo?, tenía miedo y
era más seguro quedarse donde estaba, pero ¿y si de todas formas cambiaba algo
la respuesta que diera?, aunque fuera la que fuera.
Eitan interpreto su silencio, a mal.
— Está bien, no quieres, te lo acepto, te dejo en paz — dijo
con voz muy fría y hasta rencorosa, a cualquiera le helaría la sangre, a ella
solo le hirió el corazón.
Y entonces, con ese dolor, supo que lo quería, no era
oportunidad de querer, no podía empezar a quererlo, ya lo quería.
Eitan simplemente comenzó a alejarse dándose la vuelta, se
paro al oír la voz de Anica, que en el fondo estaba asustada.
— ¿A qué te refieres? —
— Adiós Anica — le dijo con voz impersonal y se fue, seguro
de que no podrían seguir igual nunca más, no para él.
Anica con lágrimas en los ojos, también regreso a la
mansión, a su cuarto, del que no saldría en un tiempo.
Alguien estampo una
puerta entrando furioso a un cuarto. Eitan, era su cuarto.
Empezó a romper todas las cosas en su cuarto, el no era
violento, pero vamos, debía descargarse, ¿Por qué demonios la había tratado
mal? Se pregunto deteniéndose de “redecorar” su habitación.
Lo entendió, el es un angel negro, ella solo podría querer a
un humano, Eitan no era humano, el solo podría ser el amigo y ya, lo entendió,
pero la verdad le dolió, le frustro, no pudo mostrarse con fingida aceptación,
porque no lo aceptaba, ¡no lo aceptaba!, él la quería, ¿Por qué no podrían
haber sido lo mismo?, no importaba, angel negro, humano, lo que fuera, pero lo
mismo, al alcance, con posibilidad, pero no eran lo mismo, no había posibilidad,
Anica nunca podría quererlo, nunca podría mirarlo con esos ojos, con amor, esa
era una simple fantasía, jamás se haría realidad.
De que le serviría ser el prometido o el marido, ella nunca lo iba a querer, quizás hasta
tendrían hijos, pero ella jamás lo iba a querer.
Lo que él daría…, no
querer, aunque sea solo una mínima atracción. Ahora con este dolor en el
pecho, hasta con eso se conformaba, solo un poco de su amor, incluso con eso se
conformaría, porque, vaya que sentía dolor, y nada podía calmarlo.
Solo una hora antes de verla hace dos meses, jamás hubiera
pensado que podría enamorarse, y tan rápido, ahora que la conocía, no podría
vivir sin ella. Pero no se resignaba, a no tener ninguna esperanza, él quería
tenerlas, él quería ser feliz, con ella. Pero justamente, eso dependía de ella,
el ya la amaba, aunque sonara raro, la amaba, lo sabía, lo sentía, era muy
fuerte, era amor, pero ella no lo quería, lo había dicho con su silencio “no
hay posibilidades”, el no tenia oportunidad, y ahí dedujo porque, no eran lo
mismo, seguro Anica quería un humano, tan despierto y feliz como ella, el era
un angel negro, nunca le podría dar eso, nunca le podría dar nada, al menos
nada que ella quisiera o deseara.
Que tormento.
Y alguien más pensaba lo mismo, un tormento, ese era
el sentimiento actual de Anica.
Un tormento, un doloroso tormento.
No sabía cuánto le importaba Eitan, hasta que lo vio
alejarse para siempre, porque era para siempre, sabía que nunca jamás volvería
a ser como antes, y lo había arruinado, maldito destino, porque las cosas
simplemente no podían quedarse como antes, para ella estaban bien asi, por ella
podrían a ver seguido asi, pero él no quiso, ojala hubiera querido, pero ya no
había marcha atrás, de todas maneras, ella no podía darle nada a él, tenía
miedo de dar, su más grande y oculto secreto era uno muy especial, nunca nadie
se pregunto porque Matsuri era casi su única amiga, porque nunca hablaba con
sus padres o de ellos, porque no tenía a mucha gente a su alrededor, todo se
resumía en lo que pasaba dentro de ella, un miedo, con el que había nacido, o
al menos, que tenía desde muy joven, demasiado joven, tan pequeña, que no recordaba
que alguna vez fuera distinta, siempre había sido igual, con miedo, prefería su
zona de confort, donde ya todo está exactamente bien, equilibrado, calmado, sin
ningún nuevo reto o sobre todo problema que afrontar.
Se sentía muy doloroso, más que todas las cosas que había
pasado, porque Eitan había sido todo lo que ahora tenía por esos últimos dos
meses. Lo único que ahora deseaba, es que todo fuera como antes, o recuperar al
Eitan de antes. Cosa obviamente IMPOSIBLE.
Eitan tampoco parecía estar mejor, también estaba lamentando
su vida, como la tragedia más grande que podría pasar. Aunque para él lo era.
¿Y si todo había acabado?
¿Y si él lo había arruinado?
Claro que sí.
Ya no podría tener nada con Anica, ni la amistad tan linda y
cálida que había tenido los últimos dos meses, de nuevo estaba solo. Pero más
que estar solo (como ya estaba acostumbrado), le dolía perderla a ella.
Y entre sus pensamientos comenzó a recordarla, más en específico
aquel día en que la conoció, esa noche que no olvidaba.
Mientras el caminaba por la oscura noche se topo con algo
que había chocado contra él, el olor decía lo que era y el pronuncio su raza
justo cuando alzaba la cabeza, pero desde ese momento, se había perdido en sus
ojos. Ella también parecía abstraída en los de él. Pero entonces una voz ajena
interrumpió sus pensamientos, eran guardias de su padre, y vio que la
perseguían a ella, al instante sintió enojo, no dejaría que le hicieran nada a
ella, aunque no entendía porque la quería proteger tanto.
Desde aquella vez en que miro su rostro Anica había sido lo
único que estuvo en sus pensamientos.
Solo ella, día, tarde
y noche, solo ella.
Incluso había notado que suspiraba incansablemente y la
contemplaba cada que podía, y ni hablar de cuando ella le sonreía, para él era
lo más hermoso del mundo. Y tampoco no es que no hubiera notado lo que el
resto, eso de que el continuamente sonreía, si, el también había notado que lo
hacía demasiado mas de lo usual, pero no podía parar de hacerlo por ella,
porque era en lo único que pensaba y por lo único que se levantaba en las
mañanas, tan importante se había vuelto ella en tan poco tiempo.
Llorar era lo único que Anica hacia. Se sentía horrible,
pero tampoco entendía porque, ella nunca había sentido ni una mínima atracción
por alguien, absolutamente nada, y luego apareció Eitan, nada más verlo, ocupo
para siempre todos sus pensamientos.
Aquella noche Anica solo pensó en algo.
El era lo más hermoso
que jamás había visto.
Era un angel, pensó, y si lo era, pero ella más bien había
pensado que era otro tipo de angel, de esos en los que antes habían creído los
humanos y su abuela le contaba tiempo antes de morir.
Podría haberse quedado embelesada mirándolo eternamente,
pero desafortunadamente no fue asi, desafortunadamente para ella. Luego vino lo
otro, era prometida, del mismo angel de la noche que había conocido tiempo
antes. Luego supo en realidad como era ese angel y lo adoro. Pero ya no lo
tenía, ni lo iba a tener.
Se sentía cansada, había llorado mucho toda la tarde y
sentía el cuerpo agotado, como si el hecho de que su alma estuviera agotada,
afectara a su cuerpo.
Estaba recostada en su cama con la cabeza en su almohada,
cerrando los ojos lentamente, pero cuando estaba por terminar de cerrarlos, la
puerta se abrió…
El rey angel entraba a su despacho seguido de dos personas,
una más joven que la otra, ambos de cabello oscuro.
— Que bueno que vinieron — comento el padre de Eitan.
— Claro, ya había quedado en eso, Kain — comento el hombre
mayor, que parecía tener la misma edad que el rey.
— Este es tu hijo, ¿no? — pregunto el rey Kain — Kurx
¿verdad? — el chico asintió.
— Oye, y tu hijo, ¿Dónde está? — pregunto curioso el
invitado del Rey.
— Debe andar por ahí, seguro con su prometida — respondió.
— Su prometida, ¿tiene? —
— Ah, no lo sabes, creí que para este tiempo si —comento.
— E oído algo, pero no sé bien como es, o si solo era un
invento —
— No es ningún invento — le negó — mi hijo está comprometido
con una humana original, es un gran hallazgo, sabes que no hay muchos asi en el
mundo — comento.
— Humana original eh?, entonces tus descendientes serán
formidables seguramente — le comento el invitado.
— Por supuesto, fue una verdadera suerte hallar a esa
pequeña —
— Ah, Kurx, no hemos olvidado de ti, lo siento — se disculpo
el hombre con su hijo que había estado oyéndolos al margen de su plática de
viejo amigos.
— No hay cuidado papa — dijo tranquilamente el chico — ¿Qué
tiene de importante eso de “humana original”? — indago curioso.
— Pues…
— No quiero ir Karanei — se quejo Anica mirando como la
sirvienta buscaba en su armario.
— Anica, tienes que ir, el Amo lo ha ordenado — le
contradijo la angel.
— Pero yo no quiero ir, a mi no me importa que el bobo rey
padre de Eitan tenga visitas — se quejo mas —
— Anica, el-rey-lo-ordeno — le deletreo — debes ir — agrego
mirándola seriamente — además, ya es de noche niña, es hora de cenar, cuanto
crees que has estado aquí, ¿eh? — la regaño.
— Ya que — se rindió.
— Este! — dijo sacando un vestido blanco del armario,
exactamente igual a todos los que le daban, tan raro como el resto de las ropas
Deveinders pero hermoso.
— Ahora me lo pongo — le dijo con voz triste, debía bajar a
cenar junto a Eitan.
— ¿Qué tienes, Anica? — le pregunto preocupada al verla asi —
¿esto tiene algo que ver con el joven Eitan? — pregunto mirándola
inquisidoramente.
— Eh?, No — negó al instante, se vio muy obvia.
— Anica, Anica, Anica, pequeña e inocente Anica — le dijo
negando con la cabeza — son demasiado obvios — Anica la miro sobresaltada, que
fácil la había descubierto — pero si tu no me dirás nada, tengo mis métodos —
comento despreocupadamente — existe el soborno y el chantaje y ambos siempre
son efectivos en el amo Eitan — comento son una sonrisa maliciosa.
Anica la miro con miedo, nota mental, no confiarse de Karanei.
— Bueno, ponte el vestido que ya debemos irnos — la apuro.
Un poco más tarde Anica ya estaba frente a la puerta del
comedor, a solo unos pasos de su destino, ese del que quería huir justo en esos
momentos, porque el futuro tras esa puerta, era la cena más larga y tensa del
mundo junto a Eitan.
Respiro hondo y abrió las puertas, con felicidad que no
demostró vio que el lugar junto a Eitan estaba tomado por otras personas que no
conocía y se tendría que sentar lejos de él, prefería justo ahora a un
Deveinder desconocido que le diera miedo a él.
Tomo el único lugar libre, unas cuatro personas de distancia
lejos de Eitan del mismo lado.
En el lado de enfrente estaban entre otros los dos invitados
especiales del rey. El hombre anterior y su hijo Kurx, que no dejaba de mirar a
Anica desde que entro en la sala.
Apenas y Eitan noto la mirada de Kurx y en quien la clavo,
no dejaba de mirarlo con rabia y odio, coloquialmente llamados, Celos.
El padre de Kurx quiso saber quién era la chica que recién
entraba y miro al rey angel para que le respondiera.
— Ella es Anica, Druman, la prometida de mi hijo, creo que
ya te había contado antes ¿verdad? — el hombre asintió recordándolo, habían
hablado de demasiadas cosas y el tema se le había olvidado.
— Ah, claro Kain, ya me habías comentado algo sobre la
jovencita, la humana original ¿no? — le comento el hombre de cabello negro.
— Asi es —
~ Kain?, ah, Kain Lune, asi es como Eitan me había dicho que
se llamaba su papa, lo olvide y yo misma fui la que se lo había preguntado ~
pensó Anica estando algo distraída.
Toda la distracción se le fue cuando al fin noto algo, o a
alguien, o lo que hacia ese alguien. Aquel chico de cabello oscuro junto al
amigo del rey Kain no dejaba de mirarle.
Aquella sonrisa que tenia mientras la observaba la tenso y
sonrojo, se puso muy nerviosa y repentinamente tuvo la ganas de escapar, él le
daba algo de miedo.
~ ¡Deja de mirarla asi, imbécil! ~ pensó Eitan con rabia
mientras miraba furioso a Kurx, pero él no lo notaba, solo podía seguir mirando
a Anica.
Anica estaba muy intimidada e incómoda por la mirada del
visitante más joven pero como estaba sonrojada y cohibida alguien la
malinterpreto y se enojo internamente con ella, Eitan, el solo pensó que a ella
le gustaba Kurx.
A él lo rechazaba y a ese que ni conocía si lo quería, ¡y a
el otro si porque!
¿Por qué su pelo era más humano?
¿Por qué era menos serio que un angel negro?
¿Por qué podía mostrar más sentimientos?
¿Por qué?, “que tenia
Kurx que él no” es lo que no dejaba de preguntarse Eitan.
La noche siguió pasando y esos tres jóvenes continuaron
igual. Anica nerviosa e incómoda con ganas de escapar de su pesadilla, Kurx
embelesado mirando a aquella humana que apenas “conocía” y Eitan tan frustrado
como furioso a partes iguales.
Kain Lune y su invitado de honor siguieron hablando sin
prestarle atención a los demás, conversando de cosas de las que solo ellos dos
entendían. De vez en cuando se dignaban a prestarle atención a los demás.
— Dime pequeña, ¿de dónde eres? — esa había sido la voz del
padre de Kurx, Druman.
Anica miro incrédula que le hablaban a ella. Tanto por la
atención prestada como porque fuera a ella.
— ¿Yo?, de afuera, de un domo — contesto nerviosa y
cabizbaja.
— Ya veo, que interesante — le dijo con una sonrisa amable —
eres una humana original ¿no?, ¿tienes alguna habilidad? — en la primera
pregunta asintió, en la segunda negó con la cabeza — supongo que es pronto,
pero ya que estamos en confianza creo que es justo que te diga lo que soy yo
¿no? —
— Supongo… —
respondió todavía cabizbaja pero menos nerviosa.
— Pues soy un Asuero, y mi hijo también, obviamente — le
conto.
— ¿Qué es un asuero? —
— Somos seres especiales, no te asustes pero somos del tipo
maligno, cuando nos transformamos nos salen cuernos y nuestras uniones en
brazos y piernas se vuelven muy oscuras, poseemos el poder sobre las llamas
negras — le conto, pero siempre con esa sonrisa amable y sincera. No parecía un
ser malo.
— Oh, ya veo —
— Después te lo podríamos mostrar, quizás tú podrías visitarnos
algunas vez, claro, con Eitan acompañándote — propuso, ahí Anica se aterro. Por
el lado de Kurx el sonrió en la proposición y sonrió un poco menos cuando
menciono al prometido.
— C-claro — se forzó a decir como pudo.
— Si, si, tal vez — interrumpió Kain Lune de repente
restándole importancia al asunto y se puso a platicar con su amigo dejando
fuera a Anica o a cualquiera.
Y la noche siguió pasando mas, y el mas era literal, mas
incomodidad para Anica, mas enojo para Eitan. Más diversión para los dos adultos.
Anica sonrió internamente cuando termino su comida, no en
balde se había extra esforzado en terminar antes, estuvo tan feliz. no mas
miradas furiosas de Eitan, no mas Kurx.
Se salió rápido de allí, ni espero a ver si Kain Lune la
dejaba irse, huyo.
Pero alguien mas también había estado comiendo muy rápido a
propósito y apenas termino salió tras aquella humana. Anica le había provocado
mucho interés a cierto asuero.
Eitan no mostro interés ni cuando Kurx salió, su orgullo no
lo dejaría mostrar que ardía en rabia y las ganas de matar a Kurx lo quemaban.
El tiempo pasaba y Eitan solo se enojaba más. No habían
pasado muchos minutos cuando ya se ahogaba en la desesperación. Odiaba la idea
de que Kurx se le acercara.
Cinco segundos más después no resistió y explotando su rabia
salió muy rápido de ahí, con solo una idea en mente. Destrozar a Kurx, y
alejarlo de su humana.
Los dos padres de ambos chicos sonrieron con ganas de reír. Ellos
ya sabían desde un inicio todo lo que pasaba, los celos de Eitan y el interés
de Kurx.
Ya predecían como acabaría todo, un Asuero y un Angel negro,
era obvio. Kurx estaba en desventaja, Eitan era superior. Solo era una simple
pelea entre muchachos, no era nada grave y pensaron que una intervención
arbitraria de padre no sería necesaria. Algo asi de simple, no necesitaba de
ser detenido.
Anica caminaba hacia su habitación, como la mansión era
extremadamente grande sin ayuda de Karanei ella se tomaba su tiempo a la hora
de caminar por los pasillos, por ahora estaba en un jardín interno, en realidad
habían muchas jardineras pero el suelo era pavimento, o eso parecía. Lo bueno
para Anica es que aun no se perdía. Lo malo, que Kurx ya la había hallado.
— Hola preciosa — la saludo con un tono algo sensual.
Anica se asusto al verlo.
— No te hare nada, no me mires asi — le dijo con una voz que
sonaba alarmantemente confiable — vamos, lindura, no tengas miedo — le sonrió —
¿eres una humana original, no? ósea que si tu y yo tuviéramos hijos, serian muy
fuertes, que interesante — comento como si nada — ¿sabes?, el rey Kain también
me comento algo y eso es algo que me da mucha curiosidad, ¿sabes qué es? —
— ¿Qué? — le pregunto confundida y temerosa, ese tono de voz
de Kurx le daba miedo.
— El sabor de tu sangre — le soltó sonriéndole esta vez más
maliciosamente.
— Eh —
— Qué tal si me dejas averiguar con una probadita — le
sugirió descaradamente mientras la aprisionaba entre una pared y el.
— ¡Aléjate! — le exclamo, 5 % molesta, 95 % con miedo.
— ¡Claro que no!, ¡yo quiero probar tu sangre y no me iré de
aquí sin ella! — le exigió, molesto por ser rechazado. Los asueros no tomaban
bien el enojo.
— Déjame — le suplico temerosa y con ganas de llorar.
Kurx le tomo los brazos con fuerza y al instante Anica grito
de dolor. Él le estaba quemando los brazos, todo lo que había tocado, se había
vuelto negro.
— Si no es por las buenas es por las malas, Anica, Ahora
quieta — le dijo y acerco su boca abierta a su cuello.
Pero algo extraño y sorprendente paso.
En un instante Kurx estaba frente a Anica y al siguiente
algo lo alejaba a una gran velocidad lejos de ella. Anica miro sus manos pero
en solo un segundo estas se curaron, como si jamás se las hubieran quemado.
Anica miro hacia enfrente y ahí estaba su salvador golpeando
con rabia a Kurx, Eitan. El de verdad estaba furioso y lo demostraba, golpeaba
con mucha brutalidad a Kurx, lo lanzaba con fuerza por todos lados. Pero paro,
lo dejo ahí y se dirigió hacia Anica.
No le hablo ni la miro, solo la tomo de la mano y se la
llevo consigo.
Ahora entraban al cuarto de ella, el seguía igual de serio,
no había mostrado ni un signo de querer hablar pero aun asi Anica se animo.
— Eitan, gra… — no
termino de hablar.
Eitan la jalo de su mano izquierda hacia él, entonces Eitan
puso sus manos alrededor de su cintura acercándola más y la beso. Anica como
auto reflejo puso sus manos sobre el pecho de Eitan.
Lentamente como
hipnotizada sintió demasiados deseos de corresponderle y cedió.
El comprendió muchas cosas mientras se besaban, como si
estar asi juntos de alguna forma los conectara porque todo era más fácil de
entender para él con ese simple beso.
Se besaron demasiado tiempo, muy intensamente. El cayó con
ella sobre la cama, Anica sentada y el recargado sobre ella. Peor no siguieron
a nada mas, Anica intento separarse apenas cayeron pero Eitan se lo impidió y
siguió besándola, después de un rato se separaron.
Eitan entre mirando sus labio hablo.
— Anica, sé que es mucho pedir que me dejes desnudarte hoy pero al menos déjame dormir contigo, en tu
misma cama, por favor, ¿me dejas? — le pregunto como si estuviera en pésame,
era una especie de dolor contenido, renunciar a eso mas no le gustaba pero él era un caballero y respetaba ese tipo de
cosas, aunque con Anica si que le costaba, incluso aun quería besarla.
— ¡D-dormir aquí! — exclamo Anica tan alterada y sonrojada
como si le hubieran propuesto el fin del mundo.
— Si, por favor Anica, déjame,
no haremos nada, pero quiero dormir junto a ti — le suplico poniendo una cara
tierna difícilmente rechazable.
— Supongo que sí —
le termino aceptando nada convencida de sus palabras.
— ¡Gracias!, ¡gracias Anica!, ¡te adoro! — exclamo Eitan muy
alegre mientras la abrazaba.
Anica frunció el seño molesta por su felicidad.
— ¡Eitan!, ¡ya dije que no haremos nada! — le grito
malinterpretando su emoción.
— Ya lo sé, pero me grada poder dormir contigo — le explico,
también feliz por poder tenerla. No hubiera soportado haberla perdido como
suponía en la tarde.
Eitan la soltó.
Anica suspiro. Entonces gateo hasta la cabecera de su cama y
se metió entre las cobijas, arremango las colchas junto a ella y miro a Eitan
que entendió el mensaje de que era su lugar.
Anica se acostó mirando al lado derecho, dándole la espalda
a Eitan, y por eso no noto cuando el se acostó junto a ella… abrazándola por la
espalda, al sentirlo se sobresalto.
— No tengas miedo, soy yo — le susurro al oído.
— Estas muy pegando — le dijo nerviosa.
— ¿Cuál es el sentido de dormir junto a ti si no puedo
sentir tu calidez, Anica?, claro que me refería a esto y tu ya aceptaste, asi
que déjame disfrutarte hasta mañana que me tenga que levantar ¿sí? — le dijo en
forma tan tranquila y amigable a Anica se limito a asentir.
~ De todos modos, quiera o no estar asi de nerviosa, a mí también me gusta tu calidez, Eitan
~ pensó y comenzó a perderse en su sueño.
Fin del Capítulo 07.
Escrito por Cristal Rosenberg ~ Blue Rose
~ Aroma a Rosas ~ Cap 07 ~
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